Calpe

Bajo la atenta vigilancia del acantilado más alto del Mediterráneo, el Peñón de Ifach, Calpe ha crecido a ambos lados de la Gran Roca, símbolo e imagen de la Costa Blanca. Su condición de destino turístico desde los años 30 es debido, sobre todo, a la calidad de sus playas, de arena fina y la limpieza de sus aguas. El municipio guarda vestigios del pasado en su casco antiguo y curiosidades como las ruinas de los Baños de la Reina, y la de unas antiguas salinas. Su puerto pesquero presenta una imagen muy animada y junto a el se suceden restaurantes en los que degustar pescados y mariscos de la zona.

En Calpe resulta ineludible la visita al Peñón de Ifach, que ostenta la declaración de Parque Natural y una singular tipología que hace que se adentre en el mar, hasta la punta del Carallot. A los pies del Peñón se encuentran las antiguas salinas romanas, y su entorno constituye, además, un importante paraje ecológico, sobre todo, de aves migratorias. Acantilados, calas y playas de arena fina perfilan el litoral. La bahía se cierra por el sur con el Morro de Toix en tanto que en el interior del término las alturas de la Cometa, Oltà, Mascarat y el Collao se alternan con campos de cultivo configurando un bello paisaje.

El litoral combina los acantilados de Ifach, Toix y la Mançanera, con las calas del Racó, Urques, Mallorquí, Calalga y Bassetes y con las playas de fina arena de la Fossa, Arenal-Bol, Cantal Roig y Puerto Blanco. Recientemente se han encontrado restos de una villa romana que formaba parte de la piscifactoría de los Baños de la Reina. El Barranco del Mascarat o la Sierra de Oltà, donde se puede practicar espeleología, son otros de los parajes de interés dentro del término